LA
CARAMBADA
Leonarda Martínez fue
originaria de un pueblito de indios llamado “La Punta” y cuyos vecinos,
dicho sea de paso, siempre han tenido fama de ser discípulos de Caco
(ladrones). Vivió en el apogeo de las revoluciones por las que el país
tanto sufrió. La carambada quedo huérfana a muy corta edad, y ella quedo
a cargo de sus hermanas. Muy temprano se entrego a la crápula y los
vicios y por ende no era extraño verla en sus excursiones nocturnas en
compañía de los cacos, sacándole los caballos o bueyes de los ranchos
vecinos. La carambada era chaparra, demasiado trigueña, de ancha
cara con una cicatriz en el carrillo izquierdo, de pelo negro y ojos
vivarachos, gorda y de levantado pecho. De carácter jovial y franco, de un
genio muy agudo, poco común en la gente de su clase. Muy atenta y de fino trato
siempre que tenía ocasión de tratar con gente decente, especialmente
con las damas. Vestía enagua corta de color chillante, saco corto
con mascada cruzada sobre el pecho; rebozo fino del Valle: botín de bayo de
rechino y tacón alto con adornos de hebillas o seda; sombrero
galoneado cuando montaba y en su cuello, orejas y manos, algunos dijes con
relumbrones.
No había fiesta y feria en la que no
se le encontrase con su cantina y baile o con una casa de prostitución o
de juego y siempre rodeada de amigos. Desde joven estaba rodeada de
bandoleros y plagiarios, y muchas veces ella capitaneaba. En más de una
ocasión tuvo la oportunidad de tratar con altos funcionarios cuando
se le hacía instrumento de ruines venganzas y cuyo cometido se le
pagaba a peso de oro y el cual era llevado a cabo de en medio del misterio de
la noche. Eternamente fue la pesadilla de las guardas y rondas nocturnas, se le
veía varias veces en el banquillo de los reos. Pero algún
acaudalado, obligado por sus servicios, lograba sacarla incólume mediante
cierto desembolso. Un día Vicente Otero salió con la intención de aprender a
Leonarda la cual encontró por la Capilla camino a Celaya, otero hizo fuego
sobre ella y compañeros, solo logro coger a dos.. Leonarda también fue presa e
inmediatamente allí mismo se le aplico la ley fuga, horas después en
burro fue llevada al hospital. Donde tuvo tiempo de confesarse con Dios antes
de expirar.
LA LLORONA
Existió una mujer llamada Rosalía, a
quien le toco un marido de costumbres depravadas, el cual en un
arranque de celos, le dio muerte en unión de sus dos hijitos, y este era la
causa de su penar.
Mas que correr, volaba a cierta
altura del suelo, cubierta con un ropaje blando, descubierta la cabeza con su
larga cabellera suelta y descompuesta, de esta manera atravesaba la
ciudad en pocos segundos. Esto aterrorizaba a la guarda nocturna que todas las
noches eran testigos de sus paseos y sus llantos. Tiempo después se
descubrió que la llorona no era más que un ladrón disfrazado
de mujer que se cubría las piernas con un armazón
negro, para que a la hora de correr pareciera como si volaba por los aires.
Al ser detenido en una de sus
fechorías, confeso todos, su principal motivo de disfrazarse como la Llorona
era aterrorizar a los guardas y así poder hacer sus fechorías, sin que nadie le
estorbase. Llevado a los tribunales declaro de liso en llano ser ladrón,
valiéndose de su estrategia para cometer sus fechorías, sentenciado a seis
años de prisión. Después de su captura los espantos y gemidos cesaron.
EL SR.
MARQUÉS DE LA VILLA DEL VILLAR
Un queretano que hizo el bien
sin miramientos fue el Sr. D. Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de
la Villa del Villar del Águila, será recordado eternamente por
hacer un bien tan discretamente acertado. Este beneficio general fue
la introducción del agua potable en esta ciudad.
Nació en el Valle e Llanteno (España)
en la Villa de Arceniega provincia de Älava, el día 30 de noviembre de 1670,
sus piadosos padres lo educaron piadosamente instruyéndolo en todo lo
concerniente a nuestra santa religión. Fue casado con la queretana Da. Josefa
Paula Guerrero Dávila Fernández del Corral. Heredo de su tío el Sr.
D. Juan Urrutia Retis, el marquesado y señorío.
Hizo muchas obras benéficas
para la ciudad de Querétaro, una de ellas el acueducto de
esta ciudad, el cual fue ideado y ejecutado por él personalmente y
para el cual dio de su propio caudal la cantidad de $ 88,287, careciendo de un
puente para atravesar el rio y comunicarse con la otra banda, creo un puente de
cantera llamado el Puente Grande. En la huerta del convento de la Santa
Cruz fabrico a sus expensas un grande estanque para beneficio de la comunidad
el cual también se conserva. Dio $200 para la introducción del
agua al convento de los PP. Carmelitas, salió personalmente con el prior de
Santo Domingo a colectar limosnas en las tiendas y plazas para la introducción
del agua al mismo convento. En las Capuchinas hizo a sus expensas fuentes,
lavaderos y un estanque que todavía existe.
Murió el día 29 de agosto de 1743
habiendo recibido los santos sacramentos y hecho el testamento. Su
cuerpo estuvo depositado en la iglesia de Santo Domingo donde
recibió sepultura.
El famoso acueducto fruto
de la abnegación del Marqués de la Villa del Villar del Águila, se comenzó en
la alberca, sita en las afueras del pueblo de la Cañada, a distancia de
8 kilómetros de esta ciudad, el día 26 de diciembre de 1726 y
se concluyo en la caja del agua que está en el miro del convento del Colegio
Apostólico de la Santa Cruz el 25 de octubre de 1735. El costo total
del acueducto asciende a $124,791,00. El muro
que circunda la alberca mide 167 mts. 20 cm. Y dos 2.5 de altura. En
este recinto hay dos depósitos de agua de los que el mayor tiene 4,20 mts. De
profundidad y en menos 5,50 mts. La arquería consta de 72
arcos, cuyos pilares tienen en sus cimientos 29,60 metros en cuadro
y 17,70 de profundidad, se elevan sobre el suelo 28,42 mts. Se
hizo una estatua al Sr. Marques ubicada en la Plaza de Armas
hecha de metal. , el monumento más antiguo que se conoce del Sr.
Marques es una estatua de cantera que existe en la cruz en la huerta del
convento, la cual fue levantada por los religiosos, en memoria del beneficio
que aquella comunidad recibió en el estanque que dicho Sr. Marques
hizo a sus expensas, introduciendo en el convento una cantidad del precioso
liquido.
CHUCHO EL
ROTO
Eran los años 1884 y 185 y la
sociedad se hacía conjeturas sobre el origen de algunos robos que no dejaban
huella alguna.
Jesús Arriaga “chucho el roto” era un
señor que por la mañana aparentaba ser de alta sociedad, y por las noches
robaba tomando diferentes personalidades.
“Chucho el roto” no robaba hasta no
tener sus proyectos matemáticamente arreglados.
Nadie sospecho de él debido a su
astucia al hacer amistad con sus víctimas, se dice que siempre robó a los ricos
y que fue caritativo con los verdaderamente necesitados; así como que jamás
hirió ni asesinó a nadie.
EL CALLEJÓN
DE DON BARTOLO
A la mitad del siglo XVII vivía en
nuestras calles céntricas Bartolo Sardanetta a quien llamaban el segoviano, un
hombre rico quien se conocía por tener de ama de casa a su hermana.
Don Bartolo vivía con holgura y
desahogo debido a que era prestamista. Poseía algunos terrenos y casas, muchas
de ellas quitadas a necesitados.
Nadie se atrevía a rumorar de él, el
día de su cumpleaños daba entrada a su casa a varios reverendos que le dispensaban
amistad refiere la tradición que cada año a la hora del brindis decía “brindo
por la señora mi hermana, por mi anima y por el 20 de mayo de 1701”. Al llegar
ese día cuenta la leyenda que nadie más supo nada de él. Se dice tenía un
pacto con el Diablo.
LA CASA DE LA ZACATECANA
La casa núm. 6 de la última calle de
“La Flor Alta” estuvo muchos años inhabitada porque por ella corrían historias
de espantos y sucedidos.
Allá por los años cincuenta del mismo
siglo llegó una pareja acomodada de Zacatecas, según dicen el barón era dueño
de algunas acciones de minas en su terruño.
Después de haber comprado la casa
referida y dándole una buena renovada, se les veía siempre paseando juntos,
vestían correctamente y al parecer muy amables.
Repentinamente al rico minero
desapareció su esposa la Zacatecana refería que su marido había ido a su tierra
a ver sus negocios, entre la servidumbre se rumoraba que una noche la
Zacatecana mandó asesinar a su marido y en seguida al asesino de este,
enterrando a los dos en la misma casa, sin esperar lo que el destino le tenía
preparado…