MISIÓN DE JALPAN; EL TRIUNFO DE LA FE
Obra de Fray Junípero Serra, la misión de Jalpan fue construida
ente los años de 1751 y 1758 en honor al Apóstol Santiago, evangelizador de
España. Siendo la primera, la mayor y la principal de las cinco misiones
barrocas de la Sierra Gorda, la de Jalpan simboliza la conquista espiritual:
“el triunfo de la fe”. Durante más de cien años esta construcción se mantuvo
sin mayor remodelación hasta que en 1892 se vio afectada por un temblor.
Las reparaciones hechas por el entonces gobernador
terminaron por sustituir el relieve de Santiago Apóstol, que se encontraba en
el tercio superior de la fachada, por el “moderno” reloj que desde 1898 ocupa
su lugar y que desentona completamente con el estilo arquitectónico original.
Por otra parte, en 1964, el atrio fue modificado: su barda fue totalmente
reconstruida y se perdieron las capillas posas.
Actualmente se conservan la cruz atrial
y la portería, la cual posiblemente abrigó las funciones de la capilla abierta.
En lo que se refiere al templo, la esbelta torre, que se levanta sobre la
fachada del mismo, está constituida por dos cuerpos octagonales que incluyen
arcos de medio punto y columnas salomónicas rematadas por bellas almenas y
capiteles.
La bóveda poliedra y prismática que
corona la torre, eleva hacia el cielo una hermosa cruz de hierro forjado. Pero
quizá la parte más interesante de la misión sea su fachada de argamas.
Reflejando la simbiosis espiritual y cultural entre indígenas y españoles, esta
fachada consta de tres niveles en los que se observan seis esculturas y los
siguientes elementos iconográficos: En orden descendente, justo abajo del
reloj, se encuentra una bella ventana barroca ingeniosamente inserta dentro de
una conca estilizada de forma romboidal, que deja filtrar la luz al coro
interior. Enmarcando la ventana, un bello cortinaje es abierto por dos
angelitos que también sostienen el cordón franciscano.
En el tercio intermedio o segundo cuerpo,
tenemos por una lado de la ventana a la virgen del pilar, patrona de toda
España y que casi no se encuentra en las iglesias mexicanas. Del otro lado de
la ventana tenemos a nuestra Señora de Tonantzin de Guadalupe, pilar de la fe
mexicana desde tiempos prehispánicos y reconocidos en todas las Américas como
la madre religiosa. La inclusión de la “Pilarica” y la “Guadalupana” en esta
misión son testimonio de la simbiosis cultural experimentada tras la conquista.
Entre el segundo y el tercer cuerpo, justamente debajo de la ventana, se
encuentra el escudo franciscano principal, de los dos brazos crucificados.
Más abajo y más pequeño, se nota el
escudo franciscano de las cinco llagas. En el cuerpo base de la fachada, a la
entrada del templo esta ingeniosamente enmarcada en su parte superior por otra
concha estilizada y en los lados por las imágenes de San Pedro, con las llavees
en la mano y San Pablo, sin la espada que lo caracteriza. Simbolizando los dos
pilares fundadores de la iglesia católica y su misión apostólica, estos santos
son inseparables y en casi todas las iglesias mexicanas aparecen, ocupando lugares
paralelos. La estatua de Santo Domingo, a bajo de la Guadalupana, aparece
familiar y sonriente. Su brazo derecho, hoy destruido, parece haber llevado un
crucifijo que el santo contemplaba. En el otro brazo lleva el libro de la regla
de su orden. El rosario que cuelga de su cuello vendría a tener una simbología
similar a la del cordón francisano. El perro que acompaña a este santo y que
actualmente ha perdido su cabeza, responde a la siguiente leyenda: “su madre
(de Sto. Domingo) soñó que llevaba en su vientre un cachorro, que a su vez,
portaba una antorcha encendida con la que, al salir del vientre materno,
inflamaba todo.
A través de este sueño, supo que de ella
nacería un gran predicador que llevaría consigo la flama de la palabra para
encender corazones; sus ladridos de predicación constante ahuyentarían a los
lobos de los rebaños sagrados y despertarían a las almas durmientes de los
pecadores”. Paralelamente a Santo Domingo, del otro lado del cuerpo base de la
fachada, encontramos la imagen de San Francisco de Asís, tan popular en todo
México por la connotación humilde y bucólica que lo rodea. Presente en todas
las misiones, en Jalpan su imagen lleva un cráneo en la mano simbolizando lo
efímero de la materia y el cuerpo. En la parte más baja de la fachada se
encuentra otro detalle iconográfico peculiar: el águila bicéfala
hispano-mexicana. Este símbolo, empleado en el arte virreinal desde el siglo
XVI, es el escudo familiar de los Hasburgo (Austria) que dominaron la corona
española por mucho tiempo. Sin embargo, los Pames y Jonaces, influidos
enormemente por las culturas huasteca y mexica vieron en este símbolo una
representación de la mitica águila que actualmente es el escudo nacional
mexicano pero que es conocida en toda Mesoamérica desde los tiempos
precolombinos.
De la misma manera, todos los ángeles,
los pámpanos (enredaderas), las guirnaldas, las flores y los follajes
imaginados por los artistas indígenas, se multiplican de forma impresionante
por toda la fachada, hablándonos de su esplendida sensibilidad espiritual y
plástica que, fundamentada e el simbolismo cristiano, dio origen a una fusión
artística denominada por algunos especialistas como “barroco popular mexicano”.
De esta manera la fachada y el cuerpo entero de la Misión de Jalpan, connota su
propio mensaje: el triunfo de la fe cristiana y la simbiosis cultural entre
indígenas y españoles.