MISIÓN DE
LANDA; LA CIUDAD DE DIOS Dedicada a la Inmaculada Concepción,
la misión franciscana ubicada en Landa de Matamoros fue constituida entre 1761
y 1770. Aunque se ignora quien fue con exactitud su principal autor, se sabe
que la construcción fue levantada en relevos por varios frailes españoles,
entre los que destacó Miguel Campa, quien permaneció en Landa de 1761 a 1764.
Se presume que también tomaron parte los frailes Antonio Garay durante 1761,
José Villaumbrales en 1762 y Francisco de Samaniego en 1770. Quizá el que hayan
sido varios los frailes que participaron en su construcción, así como el hecho
de haber sido la última de las cinco misiones de la Sierra Gorda en ser
levantada, explicarían el por qué de la ostentosa iconografía plasmada en su
fachada; misma que pretende simbolizar la sabiduría divina en la “Ciudad de
Dios”. En primer lugar, el conjunto
arquitectónico de esta misión establece un equilibrio de composición similar al
que nos presentan las misiones de Jalpan y Tancoyol. Su amplio atrio, además de
enmarcar senda cruz de hierro forjado, establece un espacio adecuado para poder
admirar la parte frontal del templo y del claustro. Su barda, no obstante haber
sido totalmente reconstruida, conserva sus tres entradas originales, misma que
solo han tenido que ser restauradas. La parte frontal de la misión consiste de
una esbelta y alta torre, la esplendida fachada barroca y un pequeño portal,
denominado “de peregrinos”. Este último, bajo cuyo arco se encuentra la entrada
al claustro, está unido a la fachada por un raro elemento arquitectónico de
transición, hecho de piedra y con un gran ventanal rectangular.
La torre por su parte, se compone de
una alta base y dos cuerpos decorados. Estos se constituyen de columnas
(estípites las inferiores y salomónicas las superiores) unidas por arcos de
medio punto. En su cúspide, la torre es coronada por una cúpula piramidal
rematada con una cruz de hierro forjado. La de Landa es la fachada mas
ornamentada de las cinco misiones franciscanas de la Sierra Gorda. En términos
generales, se compone de tres cuerpos horizontales rematados por un frontón
superior en el que se encuentra la imagen de San Miguel Arcángel sobre el
demonio. Igualmente, la fachada cuenta con cuatro columnas verticales, las
cuales se levantan a lo largo de dichos cuerpos horizontales.
Cada columna está formada por tres
partes-estípites (uno en cada tercio de la fachada) profusamente decorados y
enmarcados sobre pilastras, a los que volveremos más adelante. En el tercio
inferior de la fachada, destacan seis nichos, dos grandes y cuatro pequeños.
Los nichos grandes están conformados de columnas salomónicas, arcos de medio
punto y una concha estilizada en su parte superior, que albergan las imágenes
de Santo Domingo y San Francisco, este último, con una llaga en el pecho y con
un estandarte en el que se reconoce el escudo de la orden. Los cuatro nichos
pequeños se encuentran en cada uno de los estípites que forman las columnas
antes mencionadas. Tales nichos, más pequeños que los anteriores, son de tipo
conopial y han sido caracterizados como parte del estilo denominado barroco
mexicano.
En ellos están colocadas simpáticas
imágenes de cuatro santos franciscanos, conocidos en la orden como “Las cuatro
columnas de observancia” De izquierda a derecha, las imágenes son: San Jacobo
de la Marca, San Bernardino de Siena, San Juan de Capistrano y San Alberto de
Sarzana. Todos ellos empuñan una bandera con el monograma del nombre de Jesús.
Arriba de la puerta, entre el primer y segundo cuerpos, se halla la imagen de
la Inmaculada Concepción, rodeada de cuatro ángeles; los dos más pequeños
sostienen sendos cortinajes, mientras que los otros dos, arrodillados y más
grandes, llevan incensarios en sus manos. La cornisa multilineal que aloja esta
imagen y las de cuatro pequeños querubines a la altura de las columnas, separa
al cuerpo inferior del intermedio y sirve de base tanto a los relieves de Duns
Escoto (a la izquierda) y a la Madre María de Agueda (a la derecha), como a la
gran ventana octagonal del centro. Cabe señalar que Duns Escoto fue defensor de
la I.
Concepción junto con Santo Tomás de
Aquino, mientras que María de Agueda fue autora de “La Mística Ciudad de Dios”
y es venerada como protectora de los franciscanos. Por otra parte, a cada lado
del ventanal se observan los escudos franciscanos: a la izquierda el de los dos
brazos y a la derecha. Arriba de los escudos, dos ángeles sostienen el famoso
cordón franciscano que parece caer alrededor de la ventana. La doble cornisa
que remata este nivel y lo divide del tercio superior, se levanta al centro
para servir de base al rectángulo en el que se ubica la imagen de San Lorenzo,
quien sostiene en su mano izquierda, la parrilla del tormento.
A sus lados se encuentran dos
medallones; el de la derecha representa “La Flagelación”, mientras que el de la
izquierda representa el momento en que Jesucristo es bajado de la cruz con una
cuerda entre sus brazos. Por otra parte, en los nichos que se localizan en
ambos extremos de este nivel (también de columnas salomónicas) hallamos las
imágenes de San Vicente y San Esteban. Así mismo, en cada uno de los cuatro
estípites- columnas que enmarcan tales nichos, hay pequeñas sirena- atlantes
cuyo significado se desconoce, pero que seguramente reflejan la imaginación de
los exploradores europeos del renacimiento. En este sentido, las míticas
imágenes quizás tendrían el mismo toque pagano de las imágenes no-cristianas
incluidas por los indígenas en las Misiones de la Sierra Gorda. La misión de
Landa fue la última de las cinco misiones en edificarse, marcando el final de
la conquista espiritual de la Sierra Gorda, antes de que las misiones en su
conjunto fueran entregadas al clero secular. Quizá por ello la fachada remite
tantas imágenes celestiales, terrenales y paganas, como simbolizando con ello
la amplitud de la “Ciudad de Dios”.