MISIÓN DE
TANCOYOL: EL ESTIGMA DE LA LUZ
Situado a 35 km de la población de
Landa de Matamoros, en lo que se conoce como Huasteca Queretana, al extremo
noroeste del estado, Tancoyol ha sido un sitio poblado por grupos indígenas
desde tiempos prehispánicos. En mayo de 1744, la misión novohispana de Nuestra
Señora de la Luz de Tancoyol fue fundada por el coronel José de Escandón, al
igual que las otras cuatro misiones de la Sierra Gorda Queretana, durante su
cruzada militar de sometimiento indígena. El templo franciscano que hasta la
fecha podemos admirar, el cual fue levantado entre 1761 y 1767 por el sevillano
fray Juan Ramos de Lora, franciscano del que se sabe muy poco.
La planta arquitectónica
de Tancoyol presenta una composición similar a las de Jalpan y Landa; esto es,
un atrio que en su barda mantiene tres accesos a base de arcadas así como la
cruz atrial con su basamento. Los restos de dos capillas posas perviven en las
esquinas del atrio. Igualmente, el templo presenta un parco elemento de
transición entre la fachada y el portal de peregrinos, el cual aloja la
escalera para subir al coro interior. En su esbelta torre, Tancoyol presenta
una solida base en cuyo interior se ubica el bautisterio, el cual es iluminado
por la pequeña ventana que se aprecia desde afuera.
En su parte superior la torre
presenta dos cuerpos con arcos de medio punto y columnas salomónicas que son
rematadas por pequeños florones. Su cúspide muestra una esbelta y profusamente
decorada cúpula piramidal que remata en lo alto con una cruz barroca de hierro.
Al igual que las otras cuatro misiones, la de Tancoyol presenta una fachada de
tres cuerpos horizontales, un frontón superior y cuatro columnas de hermosos
estípites en diversas proporciones, separados por cornisas multi lineales. El
icono central del frontón superior es una enorme cruz romana incrustada en un
dosel, a manera de bajo relieve. Dos ángeles volando abren los cortinajes que
aparentemente cubren esta cruz, mientras otros dos ángeles turiferarios –es
decir-, que llevan incensarios- se hallan un poco más abajo. Arriba del dosel,
en la parte más alta de la fachada, remata una barroca cruz de hierro forjado.
Siguiendo el modelo de Jalpan,
las dos columnas anteriores que cruzan verticalmente la fachada, se tornan
salomónicas en el frontón para enmarcar el dosel y a los cuatro ángeles. Las
columnas exteriores, por su parte, desaparecen a esta altura para dar lugar a
pequeños florones. Destacables son los remates de las columnas salomónicas,
pues mientras una representa la cabeza de un jaguar (animal sagrado en los
pueblos prehispánicos) en la otra se halla una sobrenatural cabeza con rasgos
olmecoides y aparente lengua bífida. Seguramente estos elementos son el
reflejo, discreto pero fidedigno, de la cosmovisión indígena que jugó parte en
la construcción de Tancoyol y el resto de las misiones de la Sierra Gorda.
Sobre estas curiosas cabezas,
dos grandes florones barrocos rematan en lo alto junto a la cruz de hierro. En
los extremos del frontón se encuentran dos escudos típicamente cristianos: al
lado izquierdo desde nuestra perspectiva, se halla el medallón que enmarca la
Cruz de Calatrava. Esta cruz constituida por cuatro flores de Lis, fue el
primer emblema de la Orden de Calatrava, fundada en el siglo XII para luego
pasar a ser insignia de la Orden Dominica. Al otro lado del frontón se
encuentra el medallón que enmarca la cruz de Jerusalén. Esta insignia es un
símbolo franciscano por excelencia, pues fue ésta orden la que se avocó al
cuidado y rescate de los Santos Lugares, como Jerusalén. Así, las dos principales
órdenes del catolicismo se encuentran hermanadas en el frontón de esta misión.
Debajo del mismo, la ventana
central constituye el elemento dominante entre el tercio superior y el tercio
intermedio. La doble cornisa que los separa, se divide para enmarcar el ovalado
ventanal. La cornisa superior está desarrollada en arco de medio punto mientras
que la inferior le sirve de base. Sobre la ventana se encuentra el singular
relieve de la Estigmatización de San Francisco de Asís, sucedía en septiembre
de 1224. En esta, se observa al lado izquierdo la figura de San Francisco, el
cual parece estar flotando de hinojos. Debajo de él se encuentra el hermano
Bernardo, infatigable compañero del santo. Frente a ellos, en el cielo, un ser
crucificado y con las alas de serafín, pareciera enviar rayos desde cada una de
sus cinco llagas para transmitírselas al patrón de los franciscanos. Debajo del
Cristo con alas, aparecen varias plantas entre las que destaca una gran hoja de
palma. La iconografía de esta escena se basa en lo que supuestamente describió
el mismo Francisco de Asís: “Mientras oraba, bajó por el aire desde el cielo,
con gran ímpetu, un joven crucificado y con seis alas de serafín. Ante su
maravilloso aspecto me arrodillé humildemente, y comencé a contemplar devotamente
el excesivo amor de Jesús Crucificado y el desmesurado dolor de su pasión. Su
visita engendró en mi tanta compasión que me parecía sentir propiamente
aquellos dolores en mi cuerpo, y con su presencia, todo este monte resplandecía
como el Sol”. Así es como se explica que con esas llagas, San Francisco tuviera
el don de rescatar las almas del Purgatorio.