Patio
Barroco del EXCONVENTO DE SAN AGUSTÍN en Querétaro.
No se sabe a ciencia cierta quién fue
el autor del proyecto arquitectónico del exconvento de San Agustín en Querétaro
y su templo anexo, dedicado a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores,
sin embargo, se ha atribuido la autoría del proyecto al religioso queretano
fray Luis Martínez Lucio, quien fuera nombrado provincial de la orden agustina
en el año de 1730, quien supervisó la construcción del templo y convento; la
cual, se ejecutó del 4 de mayo de 1731 al 2 de octubre de 1743.
El
edificio estaba destinado a ser cede de la Provincia Agustina de san
Nicolás de Tolentino de Michoacán y albergó, asimismo, la Escuela de Arte y
Filosofía de la orden. En él, novicios y frailes agustinos se preparaban
para una vida monástica de contemplación y estudio que les imponía la regla,
sumergiéndose en el espíritu de la filosofía y la teología de san Agustín de
Hipona, un tangible testimonio de ello es el magnífico claustro del exconvento,
sin duda, uno de los más bellos de Latinoamérica, que actualmente alberga al
Museo de Arte de Querétaro.
En
el patio, de estilo barroco, el visitante puede contemplar una gran cantidad de
elementos iconográficos labrados en cantera rosa.
Para
su análisis, el patio puede dividirse en tres niveles:
Claustro
bajo, claustro alto y el cielo abierto.
Claustro Bajo
El
claustro bajo representa el mundo y la naturaleza; morada del hombre y
escenario de su vida. Ambos claustros se componen de cuatro fachadas que miran
al patio.
En
cada una hay cuatro arcos, sostenidos por pilastras.
En
el claustro bajo, estos pilares son figuras antropomorfas, conocidas como
“hermes”; están coronadas por capiteles corintios, no tienen brazos, un gran
roleo les sirve de pecho, y su mitad inferior toma la forma de una sola pierna,
la cual, termina en un pie que se apoya en un pequeño pedestal. Los hermes
representan tres etapas de la vida humana: la juventud, la madurez y la
vejez. Al observar sus rostros se perciben algunas diferencias.
Los
que se ubican en las esquinas son ancianos barbados, su cabeza está alineada
con el de la esquina opuesta, así como su pie, que se encuentra flexionado,
tocando apenas con sus dedos el pedestal. Estos hombres fijan su mirada en la
vida que les espera más allá de la muerte, y sus pies se preparan para ascender
a ella.
Los
del centro representan hombres maduros, que miran al frente y que también
flexionan el pie, apoyándolo un poco más que los ancianos. Ellos, al haber
vivido un poco más y ganado más experiencia, comienzan a elevar sus deseos
hacia la plenitud y la riqueza de la vida espiritual.
Entre
los ancianos y los hombres maduros hay hombres jóvenes de piel tersa, tocados
con turbantes, y cuya cabeza y pie giran 45 grados para mirar a su opuesto más
lejano. Estas figuras plantan totalmente el pie sobre el pedestal, más
aferrados a los placeres sensuales y a la frívola vida de este mundo.
El
hombre sabio es, pues, aquel que desea el bien del espíritu y desprecia los
placeres de la vida mundana, alejándose de ellos. Sin embargo, estos hermes
representan también a los diferentes vientos que soplan sobre el mundo: todos
tienen los labios entreabiertos, dirigiendo su aliento hacia el centro del
patio.
En
las enjutas de cada uno de los arcos, cerca de la cabeza de los hermes, se
aprecia la figura de un ave que tiene las alas abiertas y se pica el pecho;
estas aves se conocen como “pelícanos de piedad”. En la Edad Media se
creía que los pelícanos sangraban su pecho para alimentar a sus polluelos, por eso,
el pelícano se convirtió e una imagen de Cristo, quien ofrece su sangre para la
salvación de los hombres y el perdón de los pecados.
Asimismo,
en las claves de los arcos se encuentran conchas o veneras, que sirven como
marco a diversas figuras y símbolos. Algunas de estas últimas son las
siguientes:
San
Agustín, luciendo todos los elementos que distinguen su dignidad episcopal:
mitra, capa pluvial, báculo y un libro que representa el conjunto de su obra
teológica; un corazón inflamado y atravesado por dos flechas, escudo de armas
de la orden agustina; Santa Mónica; un capelo abacial, que simboliza el
estatuto de abadía que tenia este exconvento; Santo Tomás de Villanueva, obispo
agustino de Valencia, famoso por sus grandes obras de caridad. Tiene una bolsa
llena de monedas; un tintero y una pluma, que simbolizan el oficio de san
Agustín como escritor y filósofo.
La Fuente
Otro
elemento iconográfico importante es la fuente que se encuentra al centro del
patio. Tiene diversos significados:
Representa
a Cristo como la fuente de vida eterna. Por ello, vemos en el interior de la
fuente figuras humanas que sostienen el símbolo eucarístico de las uvas y
también el pez, que simboliza a Cristo mismo.
La
fuente simboliza también a la Iglesia, que se encuentra en medio del mundo para
ayudar a los hombres a vencer el pecado y alcanzar la salvación y la vida
eterna.
Como
la Iglesia tiene que defenderse de los ataques del demonio y sus sirvientes, es
resguardada por cuatro caballeros de la fe, representados por las cuatro
figuras armadas que se encuentran en el brocal de la fuente. Asimismo, la
lucha entre la Ciudad de Dios (la Iglesia) y el mal se muestra en el plato de
la fuente, donde se alternan figuras de ángeles y demonios.
Claustro Alto
El segundo nivel, que corresponde al
claustro alto, representa a la Iglesia y sus ministros, que sirven de
intermediarios entre los hombres y el Reino de los cielos.
Como
en el claustro bajo, en este nivel también encontramos pilares antropomorfos,
cuya mitad superior representa a hombres jóvenes, que levantan los brazos y
están coronados por capiteles corintios. Su mitad inferior está ornamentada con
motivos vegetales y termina en un gran roleo.
Todos
tienen un tubo en la boca que sirve para desahogar el agua que se acumula en el
techo del edificio cuando llueve; sin embargo, en sus manos presentan algunas
diferencias:
Los
que se ubican en las esquinas y al centro unen los dedos índice y pulgar de
ambas manos y dejan extendidos los tres dedos restantes. Este gesto manifiesta
el misterio de la Santísima Trinidad. También simboliza a Dios,
representado por el dedo índice, que se hace hombre en Cristo y desciende a la
tierra, representada por el dedo pulgar.
El
resto de las figuras tiene la mano abierta con el dedo pulgar doblado hacia el
centro, tal como hace el sacerdote cuando consagra el vino y el pan,
convirtiéndolos en el cuerpo y la sangre de Cristo. Así, estas figuras
representan a los sacerdotes celebrando el misterio eucarístico.
En
los extremos norte y sur del claustro alto, los sacerdotes están rodeados de
formas vegetales y figuras de animales. Estas últimas son de cuatro tipos y
representan el pecado y las tentaciones que los sacerdotes tienen que vencer
para poder llevar a cabo su misión:
Felinos:
estos animales clavan sus garras inferiores en los brazos de sacerdote y con
las fauces parecen morder un lazo que forma volutas y que también se enreda en
los brazos del sacerdote. En la iconografía medieval el felino solía
representar a la lujuria.
Pegasos:
caballos alados de los que se desprenden motivos vegetales que abrazan al
sacerdote. Simbolizan la vanidad y la soberbia.
Sirenas:
en el arte griego se representaba a las sirenas como monstruos con cuerpo de
ave y cabeza de mujer.
En
este caso son seres con tronco y cabeza de pato y con piernas humanas. De su
pico salen roleos que representan sonido y envuelven los brazos del sacerdote.
No se tiene una interpretación cierta de su simbolismo, pero quizá aluden a los
herejes que engañan a los hombres con sus palabras.
Elefantes:
Del hocico de estos animales brotan roleos que, como en los casos anteriores,
se entrelazan en los brazos del sacerdote. Representan el pecado de la gula.
Los
extremos oriente y poniente del claustro alto no tienen figuras como las
anteriores y en los brazos de los sacerdotes sólo se entrelazan algunos
elementos que forman volutas.
Asimismo,
sobre las claves de cada uno de los arcos se pueden observar unos pequeños
marcos que contienen figuras de monjes y monjas en diversas actitudes. Estas
figuras representan la vida que se llevaba dentro del monasterio y servían para
recordarles sus deberes y su compromiso con la voluntad divina.
Cielo abierto
El cielo representa, precisamente, el
Reino de los Cielos, la morada de Dios, hacia donde deben dirigirse todos los
afanes del hombre y a la que llegarán aquellos que acepten la guía de la
Iglesia y sus ministros. Así, cuando llueve se completa el juego alegórico y
teológico del patio: el agua que cae del cielo representa la palabra y la
gracia de Dios, sale de la boca de los sacerdotes y a través de ellos llega a
la tierra, donde habitan los hombres, quienes esperan la salvación mientras
viven en este mundo.
El
agua es quizá el símbolo más importante en este lugar: llena de vida a todos
los seres, es la gracia divina que salva al hombre de la muerte eterna y del
pecado. Por ello, la cornisa del claustro alto tiene una forma ondulante que
simula las olas del mar y las nubes del cielo, portadoras de la lluvia;
asimismo, los claustros están llenos de elementos vegetales (helechos y
acantos, principalmente), símbolos del espíritu del hombre, que sólo vivirá si
bebe de Cristo el agua de vida eterna y salvación.