El pequeño canal no te deja ver la maravillosa vista que se aprecia desde la construcción por la que avanzas. No te importa mucho, la altura, que va en aumento, y el viento son ya una buena señal.
Corres, vas ligera; hay 74 y tienes que recorrerlos todos. Llegas, luego, a la loma en donde está el templo de La Santa Cruz. De ahí debes ir a muchos lugares. En todos te añoran sedientos.
Primero vas por las cajas que te acopian. La del Mexicano y la de Garmilla, una por la calle 16 de Septiembre y la otra en su calle vecina. La del Ahorcado, frente a la Alameda; la de Santo Domingo, en la esquina de Pino Suárez y Ocampo. Ahí, los queretanos pasan y te llevan a sus casas, te abren sus puertas, te dejan fluir.
Has pasado desde hace tantos años por estos lares que ya todos te esperan. Todavía hoy sigues tu cauce, llegas a la fuente de Neptuno, junto al templo de Santa Clara, y humedeces la mano de un pequeño que se atreve a rozar tu frescura.
Luego, te acercas a sitios muy concurridos. Visitas la Plaza Mariano de las Casas, saltas al ritmo de la música, admiras la belleza del templo de Santa Rosa de Viterbo y diviertes a quienes por ahí transitan.
No te detienes y, tras una cadenciosa parada en la Plaza de la Constitución, subes de nuevo para llegar a Plaza de Armas. Ahí, en su centro, rindes un homenaje a quien desde el siglo XVIII te ha dejado divertirte a diario por las calles, casas y tuberías queretanas.
Ésta es su ruta; ahora recórrela tú. Lleva a tu familia y tómate tu tiempo para disfrutarla. |